domingo, 30 de abril de 2017

En riesgo

Mi recordado Santiago Fernández-Ardanaz hablaba de la Cultura del riesgo. Su visión antropológica, su óptica en calma de la vida, sus percepciones de los imaginarios, lo habían llevado a interpretar la existencia con reflejos y realidades desde una mesura tan cabal como relevante.
Así, hemos de tener en cuenta que salimos a la calle, y, aún en casa, claro, y todo puede suceder. Lo que llama la atención es que no ocurran más eventos nefastos. Claro que en el riesgo está la oportunidad y el propio milagro de existir, pero, sin duda, hemos de procurar que lo negativo sea lo más pequeño posible. En lo que concierne al tráfico, por ceñirnos a un ámbito en concreto, es impresionante cómo se cometen infracciones un día y otro. Pese a las miradas de desaprobación y alguna que otra recomendación, siguen y siguen.
Se podrían poner muchos ejemplos, pero basten algunos que aparentemente no son peligrosos, y que sí lo son: nos acontecen cada jornada. Entre los posibles casos que podemos reseñar, reparemos en que una y otra vez hallamos a un propio que coge la moto y se pasea por la acera y por calles peatonales hasta su propia casa. No hablamos de acceder a un garaje. Lo que se señala aquí es que recorre 50 metros en moto para no caminar a pie hasta su puerta (andar es duro), con el lógico peligro para niños y adultos. Es un tipo grande que parece comerse el mundo. Su faz refleja este comportamiento.
Hay, además, otros que hacen tránsitos en motos  por los jardines de su barrio para hacer las gestiones mucho más rápidas en el entorno. La convivencia de espacios entre los adecuados para el tráfico rodado y aquellos en los que podemos deambular no va con ellos. No saben, no contestan.
Son dos indicios de que algo no va bien, como no es de recibo que no paremos en los pasos de cebra o que hagamos competiciones de velocidad por vías en las que la limitación está en los 40 kilómetros. Cualquier persona que se ponga delante del vehículo tiene boletos especiales para ir malherida a un hospital, y todo por la poca conciencia de quienes manejan el volante, que circulan alocadamente.
Podemos hablar en estos supuestos de incivismo, de una incultura manifiesta que conviene mitigar: resaltemos que en juego están nuestro bienestar y nuestra seguridad. Los niveles de polución y de ruido que igualmente tenemos que soportar en zonas de esparcimiento son, asimismo, puntos de interés que hemos de denunciar de una manera clara.
El riesgo es inevitable, pero lo que sí podemos reducir son los niveles de mala educación y de ceguera -así la tildaba José Saramago- con los que nos movemos en un excesivo y roto escenario de lucha por ver quién tiene más dosis de egoísmo.

Depende de nosotros

No conviene que aceptemos esto referido como algo insoslayable o como un mal menor. De hacerlo fomentaremos algo más que los incidentes que se puedan producir. La vida es demasiado corta para ir pidiendo oportunidades de cohabitación que deberían haberse aprovechado ya.
Cada vez somos más en el teatro del orbe, y eso hace que las normas, siempre necesarias, lo sean aún más. Dejar al albur de la suerte lo que deberían ser actuaciones correctas es un síntoma de que algo marcha regular en materia de tráfico. Hay más asuntos que destacar, pero hoy nos detenemos en éste, que, como ven, no es baladí. Hablaremos de más aspectos. Otro día.


Juan TOMÁS FRUTOS. 

Más encuentros

Es el día, lo es porque necesitamos ser en esa unidad que nos perfilará. Nos animamos. Podremos con todo. Las consultas son amplias. Andamos con fortuna. Necesitamos tan solo nuestro visto bueno, y lo tenemos. Nos encomendamos a los orígenes, a los dioses, que se alían con los sueños.

Nos inspiramos recurrentemente en la amistad que nos procura una estancia renovada en el corazón de los buenos, que nos ayudan a justificar y explicar mucho. Estamos listos para ser felices.

Nos multiplicamos con la esperanza de ser, de estar, de entender, y pedimos que todo vaya hacia ese cariño que nos congratula y regala ímpetus con formas apasionadas. Nos comprendemos sencillamente.

Nos acercamos a los hechos que son en la memoria de antaño. Nos hemos de involucrar en la búsqueda de la perfección. Todo ha de ser desde la enseñanza que nos admira. Nos acercaremos a lo que puede ser uso y costumbre edificante. Intentaremos positivarnos. Nos admiramos con lealtad y generosidad. Nos hacemos personas en la verdad que calma. Nos intentamos recrear desde la maravilla de existir.

Nos prepararemos más y más. Hemos de adecuarnos. Nos consensuamos con testimonios gratos. Hemos consultado los ideales. Nos hemos contemplado interiormente. Ya percibimos lo que precisamos. Nos dejamos ir. Habrá más encuentros.


Juan TOMÁS FRUTOS.

Suerte

Tenemos el mejor papel,
y lo interpretamos de buena mañana.
Sabemos
que no faltará noche.
Nos tenemos
con funciones propias,
y subimos
al mejor afán,
con todo, con reclamos,
con tercios nuevos
que nos amparan.

Nos tenemos.
¡Qué gran verdad,
y qué suerte!

Juan T.

sábado, 29 de abril de 2017

Nos hemos atendido

Nos situamos en ese mundo en el que aprendemos a ser personas. Nos somos con la mejor compañía. Nos animamos.

Pensamos en los anhelos que podemos cumplir, y los llevamos a cabo con una premisa única, vivir. Nos hemos de atemperar.

Los saltos de antaño nos han de llevar a la historia más hermosa. Nos ganamos con compañías que requieren cuanto fue.

Nos debemos a la misión que nos hace servir a óptimos intereses. Nos hemos señalado las cuestiones más interesantes.

Nos subimos a la nave de la esperanza, y con ella nos ponemos en marcha hacia objetivos visibles. Nos hemos atendido.


Juan TOMÁS FRUTOS. 

Complicidad

Nos miramos.
Todo es perfecto.
No vemos más allá
de lo que es un entorno querido.
Es una suerte
que así sea.
Nos hemos subido al barco
del amor,
y por él, en él, navegamos
libres, impacientes,
en la pasión misma.
Estamos en el Olimpo.


Nos abrazamos
y saltan las chispas
de un deseo
que cruza océanos.
Todo se conjura.


Nos concentramos
en cuanto somos,
en algunos porqués,
y nos soltamos
estando más que atados.


Pasamos de la razón
a la sinrazón
con fórmulas
que no podremos repetir
pero que siempre estarán.


Somos felices.
Más nos experimentamos
cuando caemos en la cuenta
del paraíso que nos rodea.
No sé si merecemos tanto,
pero sí es seguro
que lo vamos a disfrutar
con anhelos de entrega absoluta.

Nos miramos,
y todo se entiende
en ésta nuestra tierra,
que pone la fuerza
a los sentimientos más profundos.
La complicidad que surge
y se mantiene
es a tres bandas.

Juan Tomás Frutos. 

Elementos claros

Nos ponemos a cantar con una sensación que nos ocurre con versiones más que animosas. Nos elevamos hacia el deseo, que cumplimentamos.

Nos sugerimos estancias repletas de percepciones nuevas que nos ayudan a vivir. Nos hemos encontrado.

Las prevenciones son muchas, buenas, colmadas de genialidad. Nos hemos de poner en el punto más adecuado.

La vida es esa promesa que nos arregla. Hemos de saber lo que nos merecemos, que es mucho y bueno. Nos iremos contando.

Nos embrujamos. Buscamos la magia. Nos hemos dicho que seremos entre círculos Los elementos son claros.


Juan Tomás Frutos. 

Mucho mejor

Marcamos los deseos
y nos hacemos felices.
Somos en ellos,
con la directriz
que nos propone mejorías,
que ayudan
a la gran transformación.

Todo es amor.
Nos consultamos
con normas que son
en la vida misma.

Nos buscamos
entre las emociones
que nos envuelven
de señales de oro.

Nos hemos querido
desde antes de conocernos.
Ahora será mucho mejor.

Juan T.