Heridos y enamorados
La vida hiere,
y por eso tiene más valor
cuando estamos bien.
Conviene armarse
cuando la cuesta es agresiva,
insana, con gran pendiente,
hasta traicionera,
para abanderar la calma
en momentos de amor,
que también viene
con su carga de relojería.
Estallará antes o después,
y nos lanzará al vacío,
pero en el entreacto,
en la caminata, en su disfrute,
todo nos aporta e indica su sentido,
y, por lo tanto, la dicha
de haber superado heridas
y, pese a todo, creer,
seguir creando y creyendo.
Continuamos heridos,
pero alegremente convencidos.
La vida.
Juan T.
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