En el desierto
Y nos quedamos fuera.
Nadie mira, nadie ve.
Parece no importar,
y, en realidad, no es relevante.
Pasa el deseo, el momento, la vida,
y callas, o caes,
o ambas cosas,
y sigues fuera,
sin sustancia, sin versiones extrañas,
como empezaste.
Pasa el sabor amargo,
y la acritud se convierte en afán
por garantizarte la respuesta
en forma de paz.
Llegará el instante de la dicha.
Es cuestión de cambiar el formato:
tú vales en tu autenticidad,
sin mudanzas, sin fórmulas mágicas,
percibiendo que el amor
todo lo cura.
Y no lo olvides:
para sanar hay que atravesar
el puro desierto
y no caer.
Juan T.
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